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22 de Enero de 2018

La gran historia de Abelardo: un ejemplo de superación y entereza

A continuación, queremos presentar la historia de Abelardo Serrano Herrera, un sanfernandino de 48 años que fue paciente de Hospital San Fernando por casi un año y que gracias a la labor del equipo multifuncional que compone el establecimiento de salud, pudo salir adelante y ser dado de alta… esta es su historia.

 

“Llegó al establecimiento con un desgaste orgánico leve, que lo mantenía en condición de postrado. Fue traído en muy malas condiciones de higiene y reflejaba un abandono tanto personal como familiar”, detalló inicialmente Nancy Garrido, asistente social del hospital. El paciente fue recibido por la Dra. Sandra González, quien no asumió solo su labor como médico sino que también se preocupó de entregarle atención y escucharlo, al igual que el Dr. Rodrigo Díaz, quien continuó siendo su médico tratante.

 

“Recién hospitalizado, inmediatamente fue acogido por todos en el servicio de Medicina, quienes brindaron una atención y cuidado necesaria, pero principalmente comenzaron a entregarle afecto, lo que tuvo implicancia directa en él, en su mejora tanto física como emocional, al igual que los kinesiólogos que lo ayudaron a levantarse”, agregó la profesional.

 

Coordinaciones entre instituciones, gran trabajo en red

 

La mejoría en la salud de Abelardo era notoria, sin embargo, existía un problema complejo: no contaba con redes familiares, ni de vivienda o ingresos económicos. “Dada esa situación, la asistente social Maribel Torres, asumió la responsabilidad de buscar mejoras en su calidad de vida. En conjunto con médicos, enfermeras, tens, tanto del servicio de Medicina como del resto del hospital, comenzaron una ardua tardea para ayudarlo, tanto en el ámbito de salud como en lo social”, manifestó Nancy, quien agregó que se hicieron coordinaciones con el municipio de San Fernando, con el apoyo de la asistente social Victoria Farías, y la Gobernación de Colchagua por intermedio de su trabajadora social Carolina Ferrada, con quienes se inició un trabajo entre instituciones, a fin de buscar soluciones concretas para el paciente.

 

“Por una licencia maternal de Maribel, asumí la responsabilidad de continuar las gestiones por el caso de Abelardo. Ya se había logrado su pensión, y gracias a la labor en red, se sumaron entidades como el Instituto de Previsión Social o BancoEstado, a fin de poder abrir una cuenta para recibir las pensiones mientras estuviese hospitalizado. A esta gran coordinación se agregó SERVIU, quienes presentaron la postulación a una vivienda en conjunto con la Gobernación, siendo éstos últimos quienes aportaron la mayor cantidad de ahorro para hacer efectiva la entrega de una casa”, reveló la asistente social, añadiendo que a esa altura, el paciente medicamente se encontraba recuperado e iniciando su camino para ser “autovalente”.

 

Finalmente y gracias al apoyo de todas las entidades que trabajaron en red, Abelardo pudo abandonar el hospital después de 342 días, “lo hizo emocionado, porque ya no se irá a dormir en el suelo o donde lo acogieran con un techo, sino que se va a su casa, totalmente autovalente”, finalizó la profesional.

 

Solo felicidad en su rostro

 

Al momento de dejar el Hospital, el rostro de Abelardo solo reflejaba una cosa: felicidad. Sin embargo, la nostalgia o pena por la situación vivida previamente a su llegada al centro asistencial, no podía quedar atrás; así lo relató: “yo no tenía casa, mi madre murió cuando era un niño en Santiago y me crié con mi padre en San Fernando, quien me enseñó a trabajar haciendo ladrillos. Yo a mi padre lo cuidaba, lo paseaba, y un día se me fue… así comencé mi vida en la calle”.

 

Abelardo no recuerda cuándo fue hospitalizado, lo que si manifiesta es que desde el primer minuto se sintió muy acogido por los funcionarios: “las chiquillas me atendieron muy bien, a todas las quiero”. Y de ahí inició su proceso de rehabilitación: “no podría caminar, pero el kinesiólogo me insistió y pude volver hacerlo. Yo era una persona callada, pero de a poco volví a hablar porque los mismos funcionarios me conversaban; y vi una luz a la cual dije Diosito mejórame para salir adelante para poder trabajar y tener mi cas… y así fue”.

 

De la risa y felicidad en su rostro brotaron lágrimas de emoción, ahora que se siente una persona nueva. Y les deja un mensaje a sus amigos funcionarios del hospital: “a todos los quiero, a todos los amo, muchas gracias”.